PREMONICIÓN
Destino manifiesto
Existe una práctica, más común en el pasado que ahora, de utilizar cartas del Tarot como fondos de pantalla en redes sociales con el fin de atraer, encarnar o manifestar esas energías en la vida. Asimismo, algunas personas optan por tatuarse Arcanos, dedicarles altares o trabajar específicamente con su energía. Aunque yo personalmente solo incorporo cartas en mis vision boards, el año pasado y este he experimentado lo que podría llamarse un “destino manifiesto” en mi propia vida gracias a una carta del Tarot.
En agosto del año pasado viví una situación inesperada de brujería. La situación comenzó porque una “colega” publicó en su perfil de IG una de mis publicaciones —con el logo de mi marca—, concretamente una imagen. Debo reconocer que en mi impulsividad le dejé un comentario en la publicación y lo puse en mi perfil tratando de mostrarle a mi comunidad lo que hay detrás de lo que se puede considerar una simple publicación. La verdad es que estaba muy indignada, pero todo esto desencadenó una serie de eventos inesperados, pero necesarios.
Bloqueé a la persona en cuestión y a quienes venían a increparme. Lo notable es que, al día siguiente o poco después, la misma situación se repitió con la mujer que había tomado mi publicación. Una amiga me envió capturas de pantalla del conflicto que esta mujer estaba teniendo con otra colega por exactamente la misma razón: había copiado una publicación ajena y la había hecho pasar como propia, y la otra colega se lo estaba reclamando públicamente. Así que la respuesta de esta mujer fue hacernos brujería y ponerlo en stories: una hoguera digital en tiempo real.
Sonará un poco descabellado, pero esa situación detonó una Torre interior en mí —aunque aún sigo pensando si fue una Torre o un Juicio—. Yo juraba en ese momento que estaba haciendo todo bien: publicaba tres veces a la semana, hacía lo que tenía que hacer, el negocio estaba muy bien, tenía planes de crecimiento; todo lo que requiere un negocio. Pero esa situación me quitó un velo absurdo que me llevó a pensar en cosas que, aunque tenía frente a mí, no había evidenciado, mucho menos dimensionado.
Primero, se me abrió una espiral de preguntas sobre para quién, para qué y cómo estaba haciendo contenido; pude ver por primera vez la saturación de contenidos que existe y cómo yo estaba contribuyendo a eso. Segundo, cuestioné profundamente mi trabajo, no cómo lo hacía, sino el sentido del mismo. Yo nunca he sido una persona conflictiva y creo, hasta el sol de hoy, que ese reclamo no daba para esa situación, pero eso no me corresponde a mí. Sin embargo, sí hay algo que se rompe y te cuelga para que lo veas diferente. Pensé también en el tipo de clientes que llegaban, su forma de abordar las cosas, si esto contribuía o no a algo, o si solo estaba alimentando la ansiedad y el falso control de la gente. Tercero, qué más quería ser y podía hacer conmigo misma. En fin, lo único que decidí en ese momento, y aún mantengo, es llevar un slow content mientras decidía la intención, el rumbo y la forma de aproximarme a mi oficio.
Si bien empecé a llevar un slow content —buscando captar la atención del público por más de 15 segundo, tratando de ser más crítica y buscando un público más crítico—, pues para bien y para mal, durante meses, me cuestioné profundamente el propósito de mi trabajo y la forma en que deseaba llevarlo a cabo. Esto desencadenó una serie de reflexiones sobre mi propia conexión con lo oracular, la relación actual de la sociedad con los oráculos, y la intersección entre el capitalismo y conceptos como los oráculos, la información y el deseo de control. Estas inquietudes me impulsaron a profundizar en mis conocimientos y a empezar nuevos estudios de astrología. El cielo no me ofreció respuestas sobre mi destino, sino que me reveló el conocimiento intrínseco reservado en los astros; la astrología me había encontrado y la astrología me estaba rescatando. Poder comprender “la tecnología” del alma en relación con nuestra encarnación le devolvió sentido a este oficio, aún cuando las condiciones externas distorsionen o hayan cambiado drásticamente el uso y relación con los oráculos.
Hubo muchas más reflexiones, cambios en mi forma de pensar y ver ciertas cosas, así como cambios externos y personales.
Justo durante esa época veía continuamente la Torre y podía reconocer toda esa situación en ese Arcano. Me sentí muy agradecida de que todo eso haya sucedido porque pude ver, ver de verdad, así que me hice muy amiga de la carta —yo que tantas veces le tuve miedo, peleé contra ella, no quería verla y, sobre todo, la culpaba de transformaciones impactantes de mi vida—, tanto que una tarde cuando fui a visitar a un amigo, él tenía muchos stickers de los Arcanos y al ver la Torre le dije que me lo regalara porque quería ponerlo en un lugar visible para recordar que hay cosas que deben desestructurarse y reconstruirse a tiempo. Él me regaló el sticker y yo ya sabía dónde lo iba a poner para tener mi recordatorio.
Lo pegué en el computador porque es una de mis herramientas de trabajo principales, así que todos los días tendría el recordatorio de lo que debo ver, desestructurar, terminar a tiempo y cambiar. ¿Y adivinen qué? Mi computador se empezó a dañar. Debo aclarar que mi computador tiene siete años, ha sido funcional, útil, etc., pero ya no resiste más de seis pestañas abiertas porque se congela la pantalla, necesita estar conectado a la toma, la pantalla se queda negra, ya ha tenido cambio de teclado, batería, cargador, arreglos largos, en fin.
Entonces sí, la energía sí se encarna, se materializa, pero como con el genio de la lámpara, hay que tener cuidado con lo que se pide y en mi caso, dónde se pone.






Yo tengo la estrella en mi teléfono. Ella me encontró y aun no la quito.